jueves, 19 de febrero de 2009

EN 1933, FALLECIÓ UNA ASILADA DEL MANICOMIO DE SAN BAUDILIO A LA EDAD DE 103 AÑOS

Antiguamente, las personas con enfermedad mental, tenían unas posibilidades de vida ciertamente limitadas. Más tarde, con el paso de los años, y en la medida que fue posible mejorar los servicios asistenciales de estas personas, se conseguió, paralelamente, una mayor longevidad de su existencia.
Es habitual en nuestros días que las personas fallezcan en edades avanzadas. Las atenciones médicas recibidas y los avances de la Ciencia, permiten gozar de una mayor y mejor calidad de vida, y por consiguiente, vivir muchos más años. Y los enfermos mentales no son una excepción, a no ser que adolezcan de otras enfermedades añadidas que puedan limitar sus expectativas de vida.
Sin embargo, en tiempos pasados, cuando las condiciones higiénicas eran muy precarias, los alimentos escasos y los recursos farmacológicos limitados y casi inexistentes, no era tan usual que las personas fallecieran en edades avanzadas, y menos como centenarias.
Se dice que las excepciones confirman las reglas. Y así debe ser, atendido que en "La Vanguardia" del domingo 16 de abril de 1933, hemos visto un suelto que reza así:
"FALLECIMIENTO DE UNA CENTENARIA EN EL MANICOMIO DE SAN BAUDILIO.
Nos comunica la Dirección del Manicomio de San Baudilio de Llobregat que el pasado jueves día 13 falleció la asilada en dicho establecimiento frenopático Joaquina Terés Pociello, natural de Estopiñán (pueblecito de la provincia de Huesca) que había ingresado en el Manicomio hace 50 años (1883) sufriendo trastornos mentales y que en la actualidad contaba 103 años de edad según partida de nacimiento que obra en los archivos del Establecimiento. Dicha mujer ha muerto de senilidad y ha conservado hasta los últimos momentos cierta conciencia de sus funciones orgánicas".
Es decir, que esta señora ingresó en el Manicomio de San Baudilio dos años después de la muerte del Dr. Antonio Pujadas, cuando una comisión ejecutiva de acreedores se había hecho cargo de aquel establecimiento, y a pesar de que ocupaban la Dirección médica, los doctores Baudilio Net, Rafael Rodríguez Méndez y Francisco Caballero, la situación asistencial, que había decaído considerablemente en los últimos tiempos del Dr. Pujadas, no consiguió mejorarse, y en verano de 1885, la epidemia del cólera invadió el manicomio hasta llegar a una situación de auténtica tragedia. (Véase post, martes, 25 de noviembre de 2008. La epidemia del cólera de 1885 en el Manicomio de San Baudilio).
Las penurias que tuvieron que sufrir los asilados se prolongarían hasta el 25 de setiembre de 1895, con la llegada del Padre Benito Menni con las primeras comunidades de Hermanos de San Juan de Dios y Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús, para hacerse cargo del manicomio.
La Sra. Joaquina Terés conoció el Padre Benito Menni, y a las Superioras Sor María de los Remedios Monrás, Sor María Clotilde Iribarren, Sor María Jesús Gastañares, Sor Jerónima Ubierna, Sor Margarita Estrada, Sor Paula Pérez, Sor Carolina Pobes, Sor Vicenta Irisarri, Sor Silvestra Ros, Sor Emiliana Olano y Sor María de los Desemparados Soler, teniendo en cuenta que algunas de ellas repitieron mandato durante estos años.