CONTINUACIÓN DE LA PRIMERA Y SEGUNDA ENTREGA.
TERCERA Y ÚLTIMA ENTREGA.
A principios de 1935 habían 1.260 hombres internados en el Hospital Psiquiátrico Nuestra Señora de Montserrat, de Sant Boi de Llobregat, de los cuales 931 habían muerto al terminar la guerra.
Desde dentro, algunos pacientes dejaron testimonio escrito. Josepa Balaguer, interna en Sant Andreu, se quejó por carta de que les servían las judías tan crudas que les sentaban mal. " Nos dan un plato lleno de agua, casi no hay pan, por mucho que le llamen sopa, y todos los enfermos se mueren de hambre. Corre la voz que las empleadas sacan lo espeso tanto de la sopa como del arroz (...) Los empleados engordan y nosotros adelgazamos". Murió cinco meses después de enviar aquellas misivas.
La administración republicana abrió numerosos procesos sancionadores contra empleados por robar alimentos. Desde 1937 ya se les cacheaba al salir del trabajo, señala Robles. En un expediente de marzo de 1938, una enfermera reconoce haber sustraído pan " para un nieto". Otra, despedida por robar comida, aseguró que nunca había maltratado a los internos.
La tragedia dejó muy poco rastro escrito. Una de las pocas excepciones es Oscar Torras Buxeda, médico y director del Institut Mental de Sant Andreu, que en 1960, tras jubilarse, publicó un libro donde relató lo ocurrido. Admitía que en un solo mes se le morían más pacientes que en todo un año antes de la guerra y atribuía la mortalidad, sin matices, al hambre. "La causa única de la extraordinaria mortalidad producida por la carencia alimentaria ha provocado una progresiva desnutrición y, en último término, un síndrome de hambre y muerte". Torras fue duramente crítico con la administración republicana, a la que acusó de desorganización y expolio, y expresó su frustación por no haber podido salvar a los internos.
Marcos Robles considera, sin embargo, que no se trató de un abandono administrativo deliberado: en plena guerra, la Generalitat seguía aprobando presupuestos y pagando nóminas. " Fue un colapso total. También habían problemas en los hospitales, pero allí los pacientes se marchaban; los del psiquiátrico no podían salir".
Hoy, la mayoría de aquellas víctimas siguen sin reconocimiento. En Sant Boi hay una fosa con unas 3.000 personas. En Salt ocurre lo mismo. " Los memoriales recuerdan a los soldados, pero no a los enfermos. No hay ningún otro colectivo al que le ocurriera algo así y no se sepa", denuncia Robles. A su juicio, aquellos pacientes fueron doblemente abandonados: por las instituciones y por sus propias familias, algunas de las cuales tardaron años en preguntar por ellos.
El Parc Sanitari Sant Joan de Déu empezará este año a digitalizar sus ingentes documentos antiguos para poder atender a los familiares que soliciten información y ultima un formulario en su web para facilitarles la búsqueda. El centro hospitalario ha ofrecido al Ayuntamiento de Sant Boi erigir una escultura y celebrar un acto en homenaje a las víctimas ante la fosa. Francesc Martínez, uno de los impulsores del colectivo Besnets per la Dignitat, admite que necesitan un reconocimiento. "Falta un homenaje, un sitio al que llevar flores".
Ruperto Blanco
De Soria a Sant Boi.
En casa de Antonio Blanco, nunca se habló de su abuelo paterno, Ruperto Blanco. Sabía poco más que su nombre y que se había muerto cuando su padre era pequeño. El dato más extraño era el lugar del fallecimiento: Sant Boi de Llobregat. No tenía sentido. Ruperto Blanco, como toda su familia, era de un pueblo de Soria. Nadie supo explicarle cómo había acabado allí ni por qué su historia se había diluido en el silencio familiar.
Tras jubilarse, Antonio decidió investigar. Quería saber que había ocurrido realmente. El hallazgo casual de una vieja carta enviada a su abuela le dio la pista clave: la fecha exacta de la defunción, el 18 de enero de 1938. Con este dato acudió al archivo histórico de Soria, donde encontró decenas de documentos y partes médicos sobre su abuelo. Ruperto había estado ingresado en un hospital de la provincia por problemas de salud mental, de donde se había escapado en varias ocasiones. En julio de 1926, con 43 años, fue trasladado junto a otras 17 personas al entonces Sanatorio Psiquiátrico Nuestra Señora de Montserrat, en Sant Boi. Allí moriría doce años más tarde. La causa oficial de la muerte, según el certificado, fue " diarreas y caquexia". Todo apuntaba a una muerte por inanición. "En aquellos años había muchas dificultades para toda la sociedad, así que no pensé más allá", recuerda su nieto. Durante un tiempo, siguió creyendo que se trataba de una desgracia aislada. Poco después descubrió que no lo era.


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