sábado, 24 de enero de 2026

LA INVESTIGACIÓN DE UNA TRAGEDIA: LOS 5.700 MUERTOS INVISIBLES DE LOS PSIQUIÁTRICOS DE CATALUNYA DURANTE LA GUERRA CIVIL ( SEGUNDA ENTREGA)


 Josep, el bisabuelo de Francesc Martínez, estaba internado en el Institut Pere Mata, de Reus, cuando en el año 1938 fue trasladado a Sant Boi, donde falleció tres meses después. 
( Cedida por Francesc Martínez)

Continuación  de la primera entrega.

 Hasta el año 1936, los hospitales psiquiátricos de Sant Boi estaban gestionados por los Hermanos de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios y por la Congregación de Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús. Con el estallido de la Guerra Civil los religosos y las religiosas tuvieron que exiliarse para salvar sus vidas, y la gestión quedó en manos de la República con personal improvisado. A ello se sumó una concepción de la salud mental muy distinta a la actual. A principios del siglo XX, los manicomios acogían a personas con diagnósticos hoy impensables. La revista Frenopática Española, publicada por el propio centro entre 1903 y 1914, hablaba de internos clasificados como " imbéciles, idiotas, paralíticos generales o melacólicos crónicos".

Entre las víctimas hubo mujeres internadas por razones morales. Narcisa Caselles ingresó en el psiquiátrico con 28 años tras pasar por instituciones vinculadas al Patronato de Protección de la Mujer, donde se recluía a mujeres relacionadas con la prostitución o con situaciones socialmente reprobadas, como el embarazo fuera del matrimonio. El diagnóstico fue " demencia precoz". Más tarde se habló de "confusión  mental por maternidad", aunque no consta que tuviera hijos. Su sobrina nieta Susanna Caselles, ha logrado recuperar todo su expediente, incluídas las transcripciones de las entrevistas. "Ella dice que no entiende por qué la ingresan. Explica que la enviaban a servir y que creen que la internaron porque duraba poco en los trabajos", cuenta. Narcisa murió en 1937, tras catorce años encerrada en Sant Boi.

Narcisa Caselles falleció en el psiquiátrico de  Sant Boi en 1937. Su sobrina nieta, Susanna supo de su existencia al encontrar esta única fotografía, ya que en  su familia nunca se habló de ella.
(Cedida por Susanna Caselles)

La investigación de Marcos Robles permite dimensionar por primera vez el alcance de lo ocurrido. En el archivo del Parc Sanitari Sant Joan de Déu, el historiador localizó la lista completa de los pacientes masculinos de Sant Boi a principios de 1935: 1.260 hombres. Al terminar la guerra, 931 habían muerto. Un 74%. Otro dato ilustrador: de los 369 pacientes trasladados desde Reus a Sant Boi en septiembre de 1938, 141 habían fallecido antes de acabar ese mismo año.

También en Sant Andreu hubo una mortalidad aproximada del 50%. Las cifras son algo mejores en el Institut Frenopàtic de Les Corts: murieron cerca del 25% de los pacientes, seguramente porque habían mejores condiciones alimentarias e higiénicas. Era un centro más pequeño, que al inicio del conficto estaba en manos privadas, y con pacientes provenientes de familias más acomodadas, señala Robles.

Las causas de muerte se repiten en todos los centros y apuntan en una misma dirección. Enterocolitis y caquexia son los más frecuentes, junto a infecciones derivadas de la debilidad  extrema. En algunos registros consta que pacientes murieron  envenenados tras alimentarse de hierbajos. El hambre era estructural. Robles ha localizado cartas desesperadas de administradores pidiendo comida a la Generalitat de Catalunya. En los archivos de Salt, los mejor conservados, se observa una caída drástica de suministros de carne de cordero y buey, a solo pan y algo de bacalao".

Final de la segunda entrega. Continuará.











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