Suele decirse que las comparaciones suelen ser siempre muy odiosas, sin embargo no deja de resultar curioso que, en la literatura española del siglo XIX, la obra de Benito Pérez Galdós (Las Palmas de Gran Canaria, 1843 - Madrid,1920), este novelista, dramaturgo y cronista español, autor entre otros, de los famosos "Episodios Nacionales", considerados como el mejor relato histórico del siglo XIX español , hiciera en dos de sus obras "La Deshederada" y "Doña Perfecta", unas narraciones tan diferentes de los manicomios de Santa Isabel, de Leganés (Madrid) y de San Baudilio de Llobregat (Barcelona).
En "La desheredada" (1881), dedica varias páginas al Manicomio de Santa Isabel, de Leganés, inaugurado en el año 1851 durante el reinado de Isabel II. Para no extenderme en demasía, me limito a reproducir solamente uno de los varios párrafos:
"¡Ay!. Cualquiera que despertara súbditamente á la razón y se encontrase
en el departamento de pobres, entre aquella lastimosa turba de séres, que sólo tienen de humano la figura, y se viera en un corral más propio para gallinas que para enfermos, volvería seguramente a caer en demencia, con la monomanía de ser bestia dañina. En aquellos locales primitivos, apenas tocados aún por la administración reformista, en aquel largo pasillo, formado por larga fila de jaulas, en aquel patio de tierra, donde se revuelcan los imbéciles y hacen piruetas los exaltados, allí es donde se ve el horror de esta sección espantosa de la Beneficiencia, en que se reúnen la caridad cristiana y la defensa social, estableciendo una lúgubre fortaleza llamada manicomio, que juntamente es hospital y presidio!"
En "Doña Perfecta" (1876) dedica en las últimas páginas un pequeño párrafo al Instituto Manicómico de San Baudilio de Llobregat, del que, desde el año 1853 era fundador, propietario y director el Dr. Antonio Pujadas y Mayans. Vean:
" Barcelona , 1º de junio
Acabo de llegar aquí después de dejar á mi sobrina Rosario en San Baudilio de Llobregat. El director del establecimiento me ha asegurado que es un caso incurable. Tendrá, sí, una asistencia esmeradísima en aquel alegre y grandioso manicomio. Mi querido amigo, si alguna vez caigo yo también, llévenme a San Baudilio"

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