A las 11:00 horas del día 15 de julio de 1868, era puesto en capilla en la cárcel de Barcelona, para ser ejecutado al día siguiente a la misma hora, el reo Pelegrín Enriquez, que había sido condenado a muerte por homicidio.
Personas influyentes y caritativas de la sociedad barcelonesa, conocedores de que este hombre había sufrido algunos episodios de demencia en su juventud, habían intentado que el gobierno le conmutase la pena.
En el transcurso del juicio, los médicos que habían sido llamados para reconocer al reo por el Tribunal que lo juzgaba, habían declarado todos ellos, que, cuando cometió el crimen, estaba en plenas facultades mentales, y en vista de ello, el Gobierno había mandado que se cumpliese la sentencia.
Sin embargo, su joven y decidido abogado defensor, se desplazó al Manicomio de San Baudilio de Llobregat y se entrevisto con el Dr. Antonio Pujadas y Mayans, que accedió a visitar a su cliente, y convencido por la visita facultativa realizada y por los antecedentes documentales que le fueron aportados, de que padecía " una especie de imbecilidad antigua e incurable", se dirigió sin pérdida de tiempo al telégrafo para transmitir a la Reina Isabel II el siguiente telegrama:
"Señora: Pelegrín Enríquez, que se halla en capilla y debe ser ajusticiado mañana, es mi opinión médica que jamás ha gozado de la integridad de sus facultades mentales, y en su vista suplico a S.M. que le compute la pena. Dr. ANTONIO PUJADAS"
Tres horas más tarde de haberse expedido este telegrama, llegaba también, por conducto telegráfico, el indulto del reo. El dictamen del Dr. Antonio Pujadas y Mayans, emitido con tanta sensillez, había tenido a los ojos de la Reina Isabel II y del Gobierno de España, más peso que el de los expertos facultativos consignado en un informe oficial y razonado.
El destacado columnista, M. Carreras y González, de "La Ilustración Española y Americana", editada en Madrid, escribiría del Dr. Antonio Pujadas y Mayans, en su edición del día 21 de diciembre de 1873, "... posee en efecto, la ciencia y el arte, la teoría y la práctica, el talento profundo del médico y el sentido positivo del hombre de negocios; piensa bien y obra mejor, concibe como un sabio y ejecuta como un empresario; nada se oculta á su razón, nada detiene su voluntad; pertenece, en fin, á esa raza de hombres á la vez filósofos y gobernantes en quienes se adunan el idealismo y el realismo, y para los cuales la naturaleza no tiene secretos, ni la mar escollos, ni el camino de la vida obstáculos.
Agréguense á esto que es cortés en el trato, digno de sus maneras, afable sin afectación, ilustrado sin pedantería, humilde con los pequeños, altivo con los poderosos, esclavo de su palabra, fiel á sus amigos, leal con todo el mundo, desinteresado y generoso hasta la esplendidez, y se comprenderá, no sólo su gran reputación como médico, sino la general simpatía de que goza como hombre privado y como caballero".
No hay comentarios:
Publicar un comentario